JOAQUIN_PEREZ_DE_LAS_HERAS

Joaquín Pérez de las Heras

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Joaquín Pérez de las Heras ha sido uno de los más grandes jinetes en la historia hípica de México.  En 1959 en Caracas, Venezuela obtuvo el oro individual y oro por equipos con el ya fallecido Capitán Fernando Hernández Izquierdo (quien también obtuvo la plata individual), Marhta Cano y su primo también ya fallecido Ricardo Guasch.  En la Olimpiada de México participó en la prueba por equipos junto con Ricardo Guasch, y el Cap. Izquierdo obteniendo el décimo lugar.  Después en 1971 durante los Juegos Panamericanos de Cali, Colombia el equipo se alzó con la plata.  Joaquín estuvo acompañado en esa ocasión por la entonces su esposa Elisa Fernández que obtuvo el oro individual, el ya fallecido Eduardo Higareda y quien años después llegara a la máxima magistratura de nuestro país, Carlos Salinas de Gortari.   El matrimonio Pérez de las Heras volvería a formar equipo para la Olimpiada de Munich junto con el Cap. Fernando Hernández Izquierdo y Carlos Aguirre.  Finalmente en la Olimpiada de Moscú junto con Jesús Gómez Portugal, Alberto Valdés Lacarra y Gerardo Tazzer obtuvieron el bronce por equipos, y Joaquín desempató ganando el bronce individual con el guatemalteco Osvaldo Méndez.

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Katya y Joaquín Pérez Fernández. Circa 1985

 

Después del divorcio de Joaquín y Elisa, Marra como se le conocía afectivamente y después de un segundo matrimonio cambió residencia a El Paso, Texas, en dónde falleció el pasado viernes 20 de Mayo 2011.  Tuvo dos hijos, Katya que lo acompañó en sus últimos momentos, y Joaquín quien siendo también un destacado jinete internacional falleció el 2 de Noviembre de 1994 en un accidente automovilístico.

Pero he aquí otros detalles en la vida de Marra nacido en 1936:

A los once años en 1947 montó a Arete, aquel caballo con el cual el General Humberto Mariles obtuviera dos medallas de oro en la Olimpiada de Londres, 1948.  En ese entonces el jinete de Arete era su primo Ricardo Guasch Jr. (quien falleció recientemente) quien ya se iniciaba en las competencias ecuestres.  El lugar era el Rancho La Naranja, propiedad de Don Manuel Ávila Camacho (quien fuera Presidente de México) y ya entonces sede del recién desaparecido Club Hípico Francés.  Don Ricardo Guasch, tío de Marra, era un gran caballista y el administrador del club.  Pudo haber sido seleccionado a no ser que en los cuarentas el equipo era militar y no dejaban el poder.  Guasch era civil.   El Presidente del Club Hípico Francés era Don Casimiro Jean, para quien Arete era su favorito. 

Un día se presentó en las instalaciones del Club Hípico Francés el entonces Coronel Humberto Mariles quien estaba a cargo de la selección nacional ecuestre con miras a los Juegos Olímpicos de Londres 1948.  Montó el militar a Arete, y se enamoró de él.   Dijo Joaquín: “Le gustó tanto el alazán, que Mariles le dijo a mi tío: “si consigues que me lo presten ¡te llevo con el equipo a Europa!”. Y mi tío, que nunca había sido seleccionado, que nunca había salido de México a competir, de inmediato habló con Jean, que era su gran amigo. Este cedió a Arete. Pero Mariles no cumplió su palabra: organizó su equipo y se fue sin mí tío; lo dejó colgado. Yo era un niño todavía, pero nunca perdoné aquel engaño.”  Esto lo marcó por vida, y fue un preámbulo de sus triunfos ecuestres.  Una vez obtenido las dos medallas de oro por Mariles, Marra declaraba: “Yo quería mucho a mi tío, quien, al morir mi padre, 1945, no nos dejó en el abandono. Junto con mi madre y mis dos hermanos menores, Enrique y Leonel, nos fuimos a vivir a su casa. El fue un segundo padre para mí. Lo quería y lo admiraba. Por eso me dolió lo que le hizo Mariles y no me gustó que éste consiguiera la medalla. Entonces me fije dos propósitos: ser honesto en todos los actos de mi vida, y ¡conquistar una medalla olímpica!”  Tardaría 32 años en lograr obtener esa (o esas) preseas olímpicas, pero ¡Prueba superada!

¿Por qué Marra?  Dice Joaquín: “Mi padre me llamaba Marramaquiz. Este era, al parecer, un gato muy travieso sacado de quién sabe qué fábula. Me decía así porque era un chiquillo incontrolable, siempre saltando aquí y allá, subiéndome en los muebles… No podía estar quieto ni por un minuto. Pero mi madre había aprendido que las voces de mando tenían que ser cortas y secas, así que cuando estaba muy enojada por alguna diablura, sólo me gritaba Marra… Y el sobrenombre se me quedó para toda la vida.”

Joaquín Pérez de las Heras nació en Ameca, Jalisco, el 25 de octubre de 1936. Su padre era Don Joaquín Pérez Villarreal, capitán del Ejército de ese lugar. Pero sólo viviría allí unos meses, pues su padre fue removido al Distrito Federal y posteriormente a Sayula, Jalisco, cuando Marra tenía 5 años; después a Oaxaca, a otro regimiento.  Joaquín Pérez de las Heras figura en el Salón de la Fama de Jalisco.

Con tanto cambio, inherente en la vida militar, sus padres decidieron dejarlo a estudiar en el Colegio Williams en la Ciudad de México, en dónde ingresó a los 7 años de edad.  Recuerda Marra: “Nunca me había separado de la familia, así que los primeros días fueron los más difíciles. La escuela era muy grande, por lo que tomaba tiempo hacer amigos. Me invadió una gran tristeza; sin embargo, al paso del tiempo, la vida en el colegio se tornó más interesante. Teníamos una especie de casino: en él había juegos, una mesa de boliche, dos de ping pong, y también pool y carambola; mesas para jugar damas, ajedrez… Y actividades deportivas complementarias. Jugué softbol, futbol y volibol.”

¿Y los caballos?  “Cuando mi padre murió, mi madre mis dos hermanos menores y yo, nos fuimos vivir con mi tío, don Ricardo Guash, quien estaba casado con una hermana de mi madre. Era el administrador del Hípico Francés, que estuvo en lo que hoy es Polanco. Pero cuando este lugar comenzó a fraccionarse para ser convertido en zona residencial, el club se pasó atrasito de la zona de panteones, en lo que era el rancho de La Naranja, propiedad de Don Manuel Ávila Camacho. Ahí viví y los caballos pasaron a ser, para mí, una especie de juguetes Mis primos, Carlos y Ricardo, así como mis hermanos y yo, tuvimos los mejores caballos a la mano. Montábamos a ver quién era el que caía menos.”

Cursó la secundaria en el Instituto Bachilleres que manejaban los jesuitas en Tacubaya, y que fuera posteriormente el Colegio Patria, dónde concluyó su bachillerato.  En ese entonces las competencias hípicas desconocían de categorías, y todos entraban en la misma competencia.   En 1950, a la edad de catorce años, Ricardo y Joaquín, unos chavales, figuraban en el podio de ganadores junto a varios adultos.   Dado que recién había México triunfado en la Olimpiada, era común ver en las competencias a jinetes extranjeros, entre ellos al ahora Jefe de Equipo de los Estados Unidos, George Morris. 

Así las cosas, después del éxito obtenido en los eventos hípicos en Harrisburg, Nueva York y Toronto Mariles organizó un evento hípico para inaugurar el Auditorio Nacional.  Ahí se presentaron jinetes de Islandia, Irlanda, Francia, Canadá y Guatemala y surgió algo inaudito:  el certamen fue inaugurado por un Presidente de México, Miguel Alemán, pero clausurado por otro: Adolfo Ruíz Cortinez, pues el torneo coincidió con la semana de cambio de poderes en nuestro país.

Pero como siempre había pugnas.  Entre el Club Hípico Francés y la Asociación Ecuestre que manejaba Mariles, había un pique tremendo.  Joaquín ganó sobre un caballo llamado Jerónimo, y en segundo puesto quedó Eva Valdés, hermana del Coronel Alberto Valdés quien formó parte del equipo olímpico en Londres, y era cuñado de Mariles.  Poco a poco cambiaron las cosas y los civiles empezaron a ser recibidos en la Asociación Ecuestre.

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Llegó 1959 y con ello la posibilidad de participar en Caracas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.  Con Can Can Marra figuró en el selectivo, pero finalizó únicamente en el sexto lugar.  Ricardo Guasch si quedó dentro de los mejores cuatro y por ello garantizó su lugar en el Equipo.  Pero una de las vicisitudes del destino hizo que Marra estuviera en ese equipo:  la Secretaría de la Defensa Nacional impidió competir a los militares, y Marra subió a los mejores cuatro.  Hernández Izquierdo era ya militar retirado por lo que él si se quedó.  Los dos que salieron fueron De la Garza y Muños Morales.   Considerando que Can Can no había hecho una buena prueba al final del selectivo, el destino le deparaba a Joaquín otra sorpresa:  Mario Pani Jr. le proporcionó al caballo Comodoro y con él viajó a tierras bolivarianas.  

 

Exito total: la prueba de salto individual fue ganada por México. Joaquín Pérez de las Heras -quien montó a Comodoro- y Hernández Izquierdo hicieron el 1-2. Medalla de oro, también, por equipos. Los vencedores: Pérez de las Heras, Martha Cano, Ricardo Guash y Hernández Izquierdo.

Éxito total era la participación en esos años del equipo mexicano en el Madison Square Garden, pero se rumoraba que ese lugar sería demolido y Joaquín no había podido participar en Nueva York.  En ese entonces la Federación Ecuestre Mexicana se había creado con Luis Quijano, Pablo Jean (abuelo de Emilio Azcárraga Jean), Gunnar Beckman y José Antonio Greaves, pero por otra parte existía la Asociación dirigida por Mariles y que era la reconocida por la Federación Ecuestre Internacional.  Como estos últimos no tuvieron fondos para asistir, apoyaron a los jinetes de la recién creada Federación, no sin antes se presentara el veto de Mariles para Rubén Uriza, con quien siendo su compañero en el equipo medallista de Londres, había adquirido cierta rivalidad.  Así viajaron incluso con caballos prestados por Uriza tanto Joaquín como Ladrón de Guevara.  Los caballos: Perico y Porfirio.  Sin embargo al llegar a la primera parada en Harrisburg y presentar los papeles con los cuales la reciente Federación los acreditaba, se les informó que no reconocían a dicha federación, pero que como contaban con el aval de Mariles si podían participar.   En principio decidieron no concursar si no aceptaban el aval de la Federación, pero después de hablar con Don Pablo Jean obtuvieron su permiso y se logró dicha participación.  Y dio los frutos esperados:  Ganaron la Copa de Naciones en Nueva York venciendo al equipo de los Estados Unidos que días antes habían obtenido la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Roma, en dónde México no asistió. Ricardo Guash, que tenía lastimado a Piel Canela, montó a Comodoro; Ladrón de Guevara, a Porfirio y Pérez de las Heras a Perico. Ricardo tuvo un cero y un 4, de Guevara, 4 y 0; Joaquín, dos recorridos limpios.

No obstante aquellas grandes experiencias, Pérez de las Heras no logró clasificar para la justa olímpica de Tokio '64. Siguió preparando caballos y participando en giras a Norteamérica. En 1966 se casó con Elisa Fernández, una excelente amazona, con quien procreó a Katia y a Joaquín; se separaron en 1975. Con miras a los XX Juegos Olímpicos que se desarrollaron en nuestro país, Don Raúl Salinas Lozano impulsó a sus hijos Raúl y Carlos Salinas de Gortari a que fueran a Europa como entrenamiento.  La Federación Ecuestre Mexicana estaba presidida por Leopoldo Peralta, quien invitó a Victor Manuel Saucedo Carrillo y a Manuel Mendívil Yocupicio y a Joaquín Pérez de las Heras que montaba a Nancel, caballo de Don Emilio Azcárraga.

La gira fue exitosa.  Pérez de las Heras y Mendívil Yocupicio sobresalieron ganando concursos por parejas, y Marra el Gran Premio en Suiza.  Los hermanos Salinas, muy inexperimentados en ese momento, aprovecharon su conocimiento del inglés y francés para preguntar a jinetes europeos y obtener nuevos conocimientos.  Raúl llevó a un caballo llamado El Mexicano, y Carlos una yegua Xihuitl, pero allá compró al Agualeguas con el cual sobresaldría posteriormente.  Y aunque era el deseo de Peralta que este fuera el Equipo Olímpico, los jinetes que no habían podido viajar a Europa no estuvieron de acuerdo por lo que se realizó una Selección para determinar a la cuarteta nacional.

Las presiones surtieron efecto. De los jinetes que se habían preparado en Europa, sólo Joaquín Pérez de las Heras -sobre Nancel pudo lograr su inclusión. El equipo olímpico fue integrado por Ricardo Guash, Fernando Hernández Izquierdo y Joaquín y su esposa, Elisa Fernández de Pérez de las Heras.  En ese entonces los equipos eran formados únicamente por tres jinetes y no había pista a descontar, por lo que Licha quedó en la banca.

En 1970 se produce una nueva gira a Europa. Viajan Joaquín y su esposa; Jesús Gómez Portugal y los hermanos Raúl y Carlos Salinas, quienes cuentan ya con más experiencia y con tres buenos caballos para concursar: Agualeguas, El Mexicano y Valedor.

Los caballistas nacionales realizan buenas montas en Francia y Alemania pero, sin duda, el mejor resultado es el cuarto lugar que obtiene la señora Fernández, con Eleonora: cuarto sitio en el campeonato mundial de salto femenil, en Copenhague.

Ese equipo se convierte en la base de la selección nacional que en 1971 compite en los Juegos Panamericanos -Cali Colombia y conquista la medalla de plata por equipos, y la oro individual a manos de Elisa Fernández. El equipo estuvo formado por Elisa Fernández, sobre Eleonora; Carlos Salinas de Gortari, en Agualeguas; Joaquín Pérez de las Heras, con Nancel, y el capitán Rubén Higareda sobre Acapulco. Raúl Salinas de Gortari, con El Mexicano, queda como suplente. Su entrenador: Rubén Uriza.

Para la Olimpiada de Munich surgió un problema gigantesco:  una epidemia de encefalitis equina impiden a los caballos viajar a Europa.  Obtienen caballos rentados por la Asociación de Bavaria (en ese entonces no existía el aval de la FEI para participar como binomio) y el equipo mexicano participa con caballos prestados.  Los jinetes que representaron a México fueron Joaquín y su esposa Elisa, Higareda y Hernández Izquierdo. Como suplentes: Carlos Aguirre y Rubén Uriza Jr.

En 1975 se realizaron los Juegos Panamericanos en México, originalmente asignados a Chile.  Joaquín no clasifica para participar en ellos.  Uno de los jinetes seleccionados, Eduardo Higareda, fallece unos días antes y así es que Fernando Senderos con aquel asombroso Jet Run puede participar, y obtener la medalla de oro individual y la plata por equipos con Senderos, Luis Razo, Hernández Izquierdo y Carlos Aguirre.  

En 1976 para la Olimpiada de Montreal Marra tampoco logra su inclusión en el equipo.  Montaba a Lady Mirka con la cual ganó el Gran Premio en Connecticut en los Estados Unidos, pero se lesiona.  A última hora participa con Cancún, pero no logra estar en el equipo.  Tampoco en el de los panamericanos de Puerto Rico.

Así llega el inicio de la década de los ochentas.  José Gómez Sáinz adquiere un caballo, Alimoney, y fue montado por sus hijos y por Adoflo Lecuona.  Un caballo difícil.  Como su jinete, Lecuona, viajaría fuera de México, Marra se animó a pedirlo con miras a la Olimpiada.  Quedó clasificado. Ganó el Gran Premio en Avándaro en dónde tuve el privilegio de compartir con él, pues yo también había ganado, claro en otra categoría.  En el equipo irían su primo Ricardo Guasch, Gerardo Tazzer, Jesús Gómez Portugal y Alberto Valdés Lacarra. 

En la gira previa tuvo magníficos resultados, figurando un tercer lugar en el Gran Premio en Wiesbaden, Alemania.  En el Gran Premio de Aachen y por un punto de penalización no pudo ir al desempate, pero finalizó en el sexto sitio.  Tan grande fue la impresión del público alemán que al siguiente año en el prestigiado Gran Premio de Aachen, Marra figuraba en la portada del programa.  Finalmente en La Baule, Francia, obtuvo el quinto sitio en el Gran Premio.  En Lieja participó en la potencia saltando 2.10 metros, pero no quiso seguir a la siguiente vuelta pues venía la olimpiada, por lo que finalizó en el tercer sitio.

29 de julio de 1980. Estadio Lenin.  A pesar del bloqueo de los Estados Unidos y la ausencia de países como Alemania, Francia, Canadá e Inglaterra, México obtiene el bronce por equipos atrás de la Unión Soviética, que eran los anfitriones, y Polonia.  Marra tiene que desempatar por el bronce individual, ganándolo. Esto sucedió el domingo 3 de agosto en la clausura de los Juegos (la equitación era la última prueba que se realizaba en ese entonces, justo antes de la ceremonia de clausura).  Era la tercera olimpiada de Joaquín: México, Munich, Moscú. Marra: “No me presioné, aunque sabía que tenía que ganar una medalla. Mi preocupación era Alimony: estaba muy excitado, nervioso, muy deseoso de saltar… Una reacción muy natural de los caballos. Lo único que podía hacer era darle confianza, dejarlo trotar un poco para no perder el control. Así lo hice, pero no se compuso. Tras mis dos recorridos terminé con 12 faltas. Tuve problemas con un obstáculo, un vertical que tumbé dos veces.” En el desempate por el bronce Osvaldo Méndez participó con Pampa, realizando recorrido sin falta en un tiempo de 43.59 segundos.  La presión era mucha, sobre el mexicano.  “Solté a Alimony. Lo dejé ser. ¡Y saltó como nunca! Tan seguro, tranquilo y poderoso como antes. Increíble que, hasta ese momento, ya al final, respondiera de esa forma. En el último obstáculo oí el ruido del casco de una pata pegar en una barra, pero ya no voltee. Pensé que todo estaba perdido y acicateé a mi caballo. Casi desbocado cumplí los últimos metros. Cuando paré,  volteé a ver el obstáculo… No había caído… ¡Pero fueron cuatro segundos de angustia!”  Su tiempo de 43.23 segundos le daban el bronce.

bibliografía: Museo Olímpico del COI. Fragmentos de textos tomados del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado por la Conade y experiencias propias.

 


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